Historia

Hace poco me he enterado de la fecha en que mi abuelo Antonio estableció una joyería en el local que yo ahora disfruto. Me tropecé por casualidad, removiendo papeles, con el contrato de arrendamiento de la época, era el año 1923.





Años más tarde, trasladó su taller de joyería al cuarto piso del mismo edificio de la Corredera, donde después trabajó mi padre hasta 1992. A partir de entonces, el taller se convirtió en mi hogar y su legado descendió de nuevo escaleras abajo hasta el local de la planta baja.



Del abuelo Antonio y de mi padre he heredado maquinaria y herramientas; algunas de ellas las compró el abuelo de segunda mano, como la mesa de joyero o el banco de estirar hilo. Sin duda, la mejor herencia fueron sus conocimientos, el aprendizaje de las técnicas artesanales de joyería.